En este artículo ❧ ¿Son compatibles maternidad, lactancia y éxito laboral? ¿La búsqueda de esa compatibilidad conduce al estrés o a la disrupción? ¿Hay puntos intermedios?
Las mujeres menores de 36 años están crecientemente enfocadas a la búsqueda del bienestar. Si poseen estudios universitarios y una carrera profesional en marcha son aún más específicas acerca de sus prioridades. Las que se encuentran en este segmento --al menos muchas de ellas-- quieren ser madres y quieren continuar con sus carreras profesionales. Desean que las empresas se adapten a ellas, pero al mismo tiempo quieren adaptarse a las empresas. Este sentimiento, aparentemente inmanejable, es perfectamente comprensible a la luz de recientes investigaciones y consultorias desarrolladas por Hexis. Las técnicas etnográficas y cualitativas han sido especialmente útiles, pues nos han permitido profundizar en los sentimientos ambivalentes de las millenials que quieren ser doblemente exitosas (en la empresa y en el hogar). Cuantitativamente, hemos descubierto que el 90 % de este segmento quieren amamantar a su bebé en vez de usar fórmula, y que el 60 % ha experimentado con frecuencia sentimientos de culpa asociados con obstáculos a la lactancia, tales como reuniones, finalización de licencias de maternidad, trabajo bajo presión, entre otros.
Estas conclusiones se desprenden de algunas investigaciones B2B. Hexis decidió desarrollar un proyecto propio para validar con autonomía lo encontrado. La metodología fue desarrollar un estudio híbrido (cuantitativa y cualitativamente) de una comunidad online abierta y permanente.
¿ segmentos mencionados en este este artículo?
mujeres heterosexuales, NSE medio, universitarias, que desean ser madres y ser exitosas laboralmente
La Liga de la La Leche: una comunidad online permanente en Facebook
La Liga de la La Leche es una comunidad de Facebook formada para promover la lactancia a nivel mundial. Tiene 24.748 miembros --que sólo entran por recomendación-- y su idioma es el español. La Liga ha trabado importantes alianzas institucionales con organizaciones globales como UNICEF. A juzgar por el tráfico, la calidad de las conversaciones y el rigor de sus moderadoras, es claro que la Liga ha tenido un impacto grande. Su influencia puede verificarse en que miles de madres ponen en práctica las técnicas y conocimientos que la Liga provee acerca de la lactancia materna.
- Están promoviendo la lactancia en redes sociales.
- Esperan votar por políticas que tomen cartas en el asunto.
- Apoyan la apertura de salas de lactancia y guarderías en las empresas.
- Compran libros de autoayuda y coaching para comprender su condición de #madres #exitosas.
- Son más propensas a hacer dietas y llevar un estilo de vida saludable.
- Aumentan su productividad sin esperar incentivos económicos adicionales.
- Quieren usar tecnologías de trabajo remoto como el streaming y los digital boards
- Compran juguetes que estimulan la toma de decisiones en sus bebés
- No son sobreprotectoras con sus hijos
- Ven con buenos ojos los productos que utilizan el marketing feminista Compartir en Twitter
10 tendencias de las madres exitosas con menos de 39 años
Uno de las características centrales de la Liga de la Leche es su renuencia a cualquier forma de marketing. Las moderadoras (que deben acreditarse con estándares precisos para llegar a esa posición) no permiten que se mencionen marcas o productos, que se posteen fotos o videos de mercadeo, ni que las conversaciones conduzcan a recomendar compras específicas de accesorios para lactancia, Leches de fórmula, ropa de bebé, etcétera. En otras palabras, la Liga no permite la mercadotecnia.
La Liga está organizada como una confederación o red de seguidoras, agrupadas por ciudades. En Bogotá las reuniones de la Liga se desarrollan en la Clínica Country. Allí conocimos a varias mujeres influenciadas por esta organización. Ir a ese lugar era importante para el proyecto, pues nos permitiría combinar actividades offline con la netnografía de la comunidad online.
La siguiente transcripción recoge parcialmente una entrevista a profundidad hecha con una de cinco participantes de un focus group. Esta mátemática --con doctorado en finanzas-- trabajó durante 3 años en un banco extranjero que tiene una amplia trayectoria en Colombia. Luego de tener a su bebé, y de regresar a laborar, decidió cambiar; y en parte ello se debió a la influencia de la Liga de Leche.
Trabajo bajo presión, culpa y cambio
Una mañana recibí un video en el Whats. Era mi bebé despertándose, sonriéndo, llorando
y siendo acunada por mi suegra. Cuando comenzó a llorar editaron el video, para que yo
no me sintiera mal. Vi el video un par de veces mientras estaba en un desayuno de
trabajo con mis subalternos. Discutíamos... cosas. ¿Nunca ha tenido la sensación de
estar discutiendo cosas que no necesitan ser discutidas?. [mi entrevistada no me
miró mientras preguntaba. La dejé seguir.] A mí al principio no me pasaba,
todo me sorprendía. Pero, desde que me casé, y tuve una hija, comencé a tener esa
sensación de estar en el lugar equivocado; al menos a veces, como esa mañana.
Y sí me sentí mal. Yo le había pedido a mi marido que me los envíara. Pensé que me
podían animar; pero no. (...)
Me decía a mí misma: quién quita y con los videos me alcanza para recordar cómo era mi
bebé en las mañanas. Pero quién me manda: lo que pasaba es que se me desgranaban las
lágrimas, ahí, en frente de mis colegas
Soy matemática; me gustan los números; desde que era una niña. En el bachillerato gané
una olimpiada matemática. En los Andes vine a conocer los negocios. En realidad no vengo
de una familia adinerada, como se podría pensar. Cuando entré a esa universidad, las
matrículas era más pagables; mis padres no tuvieron que endeudarse mucho. Cuando hubo
esa alza tan fuerte de las matrículas yo ya iba de salida. Pero fue allá donde me dio
por ser empresaria. Tomé un curso electivo en la Facultad de
administración, y me vi haciendo un MBA en finanzas, en Estados Unidos.
Total: nunca me atreví a comenzar una empresa. En vez de eso comencé a
trabajar en la banca. Ganaba bien y ascendía. Recuerdo que ansiaba eso, ser ascendida, y
lo logré.
Me casé, y hubo cosas que comenzaron a cambiar en mí. Me ofrecieron la
posibilidad de dirigir una nueva red del banco en Panamá, y no acepté. En esa
empresa uno entraba a la oficina a las 8 de la mañana y no sabía a qué hora salía;
pagaban bien (con eso pagué un apartamento), pero una tenía que dejar el 200 por ciento,
literalmente, sin exagerar. Una amiga decía en broma que si salía de la oficina y había
luz sentía culpa. ¿Cómo sería, entonces, responder por un negocio en otro país?
Cuando nació la bebé tuve pocos meses de licencia de maternidad, como cualquier
colombiana. Me costó trabajo establecer la lactancia. Yo pensaba que era por mi edad (di
a luz a los 38). Pero no. El problema era la angustia, el miedo. En la Liga de Leche
aprendí que no era la única. En muchas mamás veía lo mismo: la angustia de que [la
Leche] no fuera suficiente, que la extracción [se refiere al uso de extractores para
dejar Leche almacenada] no funcionara. Y el miedo al qué dirán; que
normalmente no era otra cosa que las críticas de los familiares; afortunadamente no era
mi caso. La sociedad es dura con la lactancia: los senos en una publicidad de
Victoria Secret son eróticos y venden, pero los senos para amamantar todavía le
resultan ofensivos a muchas personas.
No me imaginaba lactando en el trabajo, o en el carro. Y en un banco no vas a ver una
sala de lactancia; pero de poco hubiera servido si tienes en cuenta que te vas todo el
día, que el stress y la falta de lactancia directa disminuyen la producción, y que la
Leche no dura sino 12 horas. Sí, una sala de lactancia es apenas un paliativo.
Comencé a temer que me sucedería lo de Claudia. Ella era una compañera de trabajo
entregada totalmente a la empresa. Tenía una hija de ocho años. Cuando vio que yo estaba
embarazada se abrió, como si yo fuera su confidente; aunque yo no le contaba nada
importante. Me dijo que su hija la odiaba, que a veces le decía hasta micos, que había
tenido que alimentarla con fórmula, y que lo peor fue a los dos años, cuando comenzó a
gritarle que era una bruja y que no la quería; recuerdo haberla visto --en medio de los
mismos desayunos y almuerzos-- leyendo el Whats y llorando; ¿sería su eposo, o su hija?
No sé. También me dijo que hubiera querido lactar, pero que cualquier cambio era
imposible porque tenía un crédito. Yo sabía que cuando había nacido su hija la empresa
ni siquiera contaba con sala de lactancia, y que hacerse extracciones hubiera sido mal
visto; como que allá no había esa cultura.
Fui como tres semanas a trabajar y renuncié. Le di un giro a mi vida
profesional. Dejé de pensar en el dinero como la prioridad número uno.
Comencé a trabajar como freelancer y hoy tengo un blog de coaching (...).
© Hexis Research
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